son las primaveras que acumulas. ¡Felicidades!.
Ya sabes de lo mucho que te quiero y de lo bien que me haces sentir. Pero no me apetece hablarte de eso ahora, no es el día ni el momento.
Sin embargo, que compartamos nuestras vidas desde hace tanto me ha dado la oportunidad de ser un espectador privilegiado de todos tus éxitos, que con 29 años son ya unos cuantos. Todos los que te has propuesto. Todos menos uno.
De aquella niña mona de 13 años que tenía a todos los tíos del barrio detrás, ha llovido mucho. Nunca congeniamos: tú eras sólo una Barbie ñoña para mí, y yo el típico pasota, tan sólo preocupado por hacer la gracia, para ti.
Sin embargo, aquí estamos.
Tenías que haber sido peluquera, pues no servías para estudiar, te habían dicho en casa.
Sólo por orgullo, te hiciste oficial administrativo entre notables y sobresalientes.
Te colocaste rápido en una tienda, pero nadie te entendía cuando decías que no lo disfrutabas. ¡Cómo podías quejarte!. Trabajar nunca gusta y tú al menos tenías un trabajo en el que no pasabas calor en verano ni frío en invierno.
No has tenido nunca miedo al cambio ni a equivocarte y, allá donde has estado, has ido dejando una huella imborrable.
En realidad no has tenido nunca miedo a nada. Con 21 añitos, decidimos irnos a vivir juntos y a la playa, e incluso me compraste una casa (pues yo era un pobre estudiante que sólo aportaba pasta con los trabajos de los veranos y navidades).
Esa quizás es nuestra espinita. Me llamaron del colegio y, mientras se hacían realidad mis sueños, los nuestros se truncaron. Te lo debo.
Fueron años duros también en casa, que nos empujaron a irnos de alquiler casi con lo puesto a aquella casa inclinada, con riesgo de derrumbe.
Sin embargo, ahí estabas de nuevo. Arremangada, te metiste a un instituto (volviendo loco a más de un adolescente) y saliste siendo auxiliar de enfermería.
Ya no era cabezonería sino lo que siempre habías deseado.
Encontraste trabajo de lo tuyo, te compraste la casa de tus sueños, estuve a tu lado en tu boda... y tan sólo 29 años.
Ahora vas a ser madre. Ya no tienes trabajo pero en tu cara no ha cambiado la expresión de felicidad. Mucho has logrado, pero tú vives inmersa en tus sueños, arremangada, mirando siempre hacia adelante sin mostrar temor. Sin pedir epidural.
¡Felicidades!, y por tu cumpleaños también.
Te quiero.